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22/09/2017 | Ambito Financiero
Por ahora, en el supermercado del mundo sólo tenemos la góndola de la soja
La cadena agroindustrial tracciona las exportaciones de la Argentina pero lo cierto es que los volúmenes comercializados no están creciendo fuerte.

 

Hablando de la Argentina "supermercado del mundo", la comunicación oficial nos dice que casi dos tercios de lo que exporta la Argentina tiene que ver con la cadena agroindustrial. ¿Es esto una buena noticia o deberíamos tomarlo con pinzas?

Si las exportaciones totales estuvieran creciendo exponencialmente sería una excelente noticia, porque representaría una buena porción de una torta enorme. Pero la realidad es que las exportaciones están estancadas, con lo cual se trata de un crecimiento relativo.

En 2011 se alcanzó un pico de unos 83.000 millones de dólares en exportaciones, a partir de donde comenzó un declive que nos llevó hasta los 57.700 millones del año pasado y una proyección similar para el año en curso.

Todos sabemos que el complejo soja es el gran generador de divisas del país. En 2002 este complejo representaba el 19% de las exportaciones totales. En 2015 y 2016 había llegado al 32 por ciento. Si el conjunto de las exportaciones hubiera crecido al ritmo del poroto y sus subproductos (incluido el biodiésel), la Argentina debería haber exportado por 90.000 millones de dólares en 2016 para que el complejo soja mantuviera su participación inicial de 19 por ciento.

Como decía el General Perón, "no es que nosotros seamos buenos sino que los otros son peores". Es decir, buena parte del hecho de que los complejos agroalimentarios expliquen dos de cada tres dólares que ingresan al país, pasa más por la pobre performance del resto de la economía que por el mérito de la cadena, que por supuesto lo tiene.

Vayamos ahora al punto de la exportación de productos con alto valor agregado.

Como decíamos, el complejo soja explicó en 2016 uno de cada tres dólares generados por el país. En segundo lugar se ubicó el complejo maicero, que básicamente es la exportación del grano de maíz sin ningún procesamiento. Representó el 8% del total de las exportaciones.

En tercer lugar se ubicó el complejo bovino, complejo que quizás tiene los productos de mayor valor unitario de la cadena agroalimentaria. Basta con pensar en lo que vale la tonelada de cortes Hilton y compararla con cualquier otro producto agropecuario.

Ahora bien, supongamos que como Plan Estratégico, la Argentina se propusiera exportar carne vacuna por u$s10.000 millones, que es una cifra importante, pero que sigue muy lejos del aporte del complejo soja.

Con los valores promedio de 2016, para llegar a esa facturación el país debería exportar unas 500.000 toneladas (peso producto) de cortes enfriados y un millón de toneladas de cortes congelados. Si convenimos que en el mejor año de la exportación frigorífica, esto es 2005, se enviaron al exterior 580.000 toneladas (peso producto) por todo concepto, la realidad es que estamos muy lejos de alcanzar esa meta. Habría que exportar tres veces más volumen que en el mejor año de la historia ganadera reciente.

Por lo pronto las exportaciones de carne vacuna avanzan en 2017 a un ritmo del 20% respecto de 2016. Pero estamos partiendo de un nivel relativamente bajo. El año pasado se exportaron 265.000 toneladas y en 2015, 240.000 toneladas. Es decir, no es que estamos creciendo a una tasa moderada respecto de un volumen alto, sino que lo estamos haciendo desde un piso bastante bajo.

Por otra parte, ¿qué es lo que explica el crecimiento de las exportaciones argentinas de carne vacuna? La respuesta es China. De un total de 68.533 toneladas de carne congelada deshuesada, que el INDEC releva como exportadas al mes de julio, el país asiático es responsable de 46.893 toneladas o el 68 por ciento.

El crecimiento de los envíos a China supera el promedio. Respecto de julio de 2016 el incremento es del 44%, mientras que respecto de julio de 2015 es del 82 por ciento.

Si bien es una buena noticia, esconde la otra realidad que es una demanda muy estable respecto de nuestros principales compradores, llámense la Unión Europea, Israel, Chile e incluso Brasil. Por ejemplo, entre 2014 y 2016 Alemania importó unas 20.000 toneladas promedio, mientras que Chile l hizo con unas 140.000 toneladas, entre enfriada y congelada.

Y cuando uno le pregunta a los operadores de la industria qué mercado nuevo puede aparecer que haga volumen para el país, la respuesta es esquiva. Se habla de los países árabes o se espera la apertura de Estados Unidos, como salvoconducto para mercados de alto valor. En el corto plazo la posibilidad de alcanzar un volumen significativo no es muy probable.

Recordemos que la producción mundial de carne vacuna supera las 60 millones de toneladas y que Brasil y Estados Unidos captan el 30% del comercio internacional (que ronda las 9 millones de toneladas). La argentina tiene una participación muy baja, de entre el 2 y el 3% de acuerdo a qué estadística se considere, con lo cual el camino para ser "supermercado del mundo" es largo y sinuoso.

Javier P Patiño

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